En estas últimas semanas hemos escuchado noticias impactantes relacionadas con seguridad, economía, salud, entre otras, principalmente, el aumento de los contagios de COVID, en sus últimas variantes.

Ante este escenario complejo, vale la pena retomar todo tipo de cuidados, en particular, los relacionados con las medidas preventivas de salud. En este mismo sentido, quiero retomar un tema que nos permite centrar la atención en el presente, para ayudarnos a seguir avanzando en nuestra vida, me refiero a la meditación.

Para ello, recupero lo que señala la doctora en Neurociencia y autora del libro “El espejo del cerebro”, Nazareth Castellanos, quien ha estudiado los mecanismos neuronales implicados en la atención, la regulación emocional y la práctica de la meditación.

La especialista plantea que muchas veces, cuando se habla de la meditación, se suele decir que es una moda, que es una técnica que viene principalmente de Oriente. No obstante, cuando hablamos de la atención o de la meditación como ese control, ese adiestramiento de nuestra mente o de la atención, es algo que se ha estudiado en toda la historia de la humanidad.

También afirma que la meditación está en todas las culturas, no solo en Oriente, y no es algo que nos hemos inventado ahora. Es una capacidad intrínseca que tenemos que intentar, es decir, conocernos y observarnos a nosotros mismos.

La doctora Castellanos presenta un ejercicio muy sencillo y práctico: “Vamos a estar un momento, vamos a sentarnos tranquilamente y vamos a estar simplemente observando cómo respiramos, cómo entra y sale el aire por tu nariz, por tu boca, qué está pasando en tu cuerpo”. Es una técnica en la que voluntariamente se centra la atención y se focaliza en las sensaciones de la respiración.

De igual forma, sostiene que la meditación es un combate entre lo voluntario y lo involuntario. Señala que cuando se realiza el ejercicio previo, las personas quieren estar atendiendo a las sensaciones de la respiración y muchas veces el cerebro se ha ido, se sumerge en un mundo de fantasías donde se está recordando cosas, imaginando, donde está hablando, y todo eso sin que se haya elegido voluntariamente.

La neurocientífica establece que, lo que se ha visto es que no hace falta ser un gran meditador, ni meditar ocho horas al día, ni vivir en un monasterio; sino con meditar una media hora al día, ya se producen cambios en el cerebro. Asimismo, menciona que meditar es familiarizarse con uno mismo, es decir, es el momento en el que cada uno se pone a observar su respiración, sus pensamientos, emociones y sus estados mentales en general.

Sin duda, existen diferentes tipos, técnicas y medios para llevar a cabo la meditación, desde ejercicios sencillos, hasta estados más avanzados de autorregulación y autoconocimiento.

Más allá de las capacidades, conocimientos o habilidades que tengamos para meditar, así como de las creencias de cada uno de nosotros, es importante tener en cuenta que necesitamos tomar conciencia de lo que sucede en nuestro entorno, tomar unos minutos para regular nuestros pensamientos, así como ubicarnos en el aquí y el ahora.

Y tú, ¿qué más nos puedes compartir sobre la meditación en tiempos complejos? Te invito a dejar tu mensaje en mi página de Facebook David Villanueva Lomelí. Con los Hashtags #Puebla y #VívelaBien.

Como señaló el escritor estadounidense Daniel Goleman: “La meditación nos enseña a ignorar las distracciones y a enfocar nuestra atención en lo que queremos enfocarla.”

Facebook: David Villanueva Lomelí